2025: El año que forzó la madurez de las criptomonedas
La toma de posesión de Donald Trump en enero de 2025 generó una expectativa desbordante en el ecosistema cripto. La narrativa prometía un aliado en la Casa Blanca que desmantelaría la llamada “guerra contra las criptomonedas” y desbloquearía una era de crecimiento sin precedentes. Doce meses después, el balance es notablemente diferente. Bitcoin se encamina a cerrar el año con lo que sería su cuarta caída anual histórica, y la prometida liquidez institucional se desvaneció, absorbida por guerras comerciales y políticas de aranceles.
En este escenario, Yat Siu, cofundador de Animoca Brands, ofrece una lectura contundente: 2025 fue la lección de humildad que la industria necesitaba. La sobreestimación de un aliado político y el descuido de los fundamentos están forzando, por fin, la maduración del sector. Este análisis recorre el balance del “Año Trump”, la apuesta de Animoca como vehículo público para altcoins, y por qué 2026 se perfila como el año del token de utilidad y el “nuevo minorista”.
2025: El “Año Trump” y la lección aprendida por las criptomonedas
La premisa era seductora: el mercado anticipó que la administración Trump actuaría como un “código de trucos” para desbloquear ganancias inmediatas. Sin embargo, la realidad macroeconómica y geopolítica fue muy distinta. Mientras la industria esperaba un salvavidas regulatorio, la agenda de la Casa Blanca se centró en aranceles, tensiones comerciales y la política de la Reserva Federal.
El resultado fue un mercado cripto que, lejos de despegar, vio cómo el capital se desviaba hacia “misiones secundarias” especulativas, como los tokens temáticos y memecoins inspirados en la figura presidencial. Yat Siu califica el desempeño con una nota de “B-/C+”. Su metáfora es reveladora: los traders trataron a las criptomonedas como si fueran el “primer hijo” de Trump, cuando en la práctica ocupaban un lugar mucho más bajo en su lista de prioridades.
La consecuencia es clara: el esperado “Trump trade” no se materializó. La industria cayó en la trampa de la sobreconfianza y subestimó el impacto abrumador de los factores macroeconómicos. Este punto de inflexión, aunque doloroso, está impulsando un cambio de mentalidad crucial: menos dependencia de narrativas políticas externas y un enfoque renovado en el cumplimiento normativo y la construcción de utilidad real.
La apuesta de Animoca Brands: Convertirse en el proxy público de los altcoins
Frente a este panorama, Animoca Brands está ejecutando una jugada estratégica ambiciosa. Si 2025 fue el año de la decepción política, la empresa quiere que 2026 sea el año en que los mercados de capitales tradicionales tengan un proxy líquido y listado para acceder al universo de los altcoins.
El mecanismo es una OPA inversa con Currenc Group, una empresa listada en Nasdaq. Técnicamente, Currenc compraría a Animoca, pero en los hechos, Animoca poseería el 95% de la entidad combinada y la controlaría. La propuesta de valor llena un vacío evidente. Mientras MicroStrategy se ha consolidado como el vehículo público apalancado para la exposición a Bitcoin, no existe un equivalente para la “larga cola” de miles de tokens de proyectos Web3.
Animoca se posiciona como la respuesta: un agregador de estilo SoftBank del potencial de los altcoins, con la liquidez y transparencia de una cotización bursátil. La tesis se sustenta en números sólidos: una cartera de más de 620 empresas, cerca de 100 nuevas inversiones solo en 2024, y un EBITDA positivo durante cuatro años consecutivos. La visión a largo plazo es aún más audaz: la propia Animoca aspira a tokenizarse por completo, actuando como el puente definitivo entre los mercados de capitales tradicionales y la propiedad on-chain.
El marco regulatorio: “Tokeniza o muere” y el puente de los RWA
Sin embargo, la apuesta de Animoca solo florecerá si el terreno regulatorio se solidifica. Aquí es donde entran en juego leyes estadounidenses como el Clarity Act y el GENIUS Act. Para Siu, estas normativas no son una cuestión existencial, sino catalizadoras. Establecerán un marco claro para emitir, operar y supervisar tokens, desatando lo que él denomina el efecto “tokeniza o muere”.
El contraste es clave. Mientras las empresas cripto nativas han operado en la incertidumbre, una empresa tradicional establecida no se arriesgará a tokenizar sus activos sin certeza legal. El precedente lo marcan los stablecoins: una vez que Washington definió las reglas del juego, “todos empezaron a hacer stablecoins”. Se espera que el patrón se repita con los tokens en general.
Este puente regulatorio es fundamental para la tokenización de Activos del Mundo Real (RWA), una industria que se proyecta alcance billones de dólares para 2030. Animoca ya está trabajando en este frente, con una asociación con Grow, un gran gestor de activos chino, para explorar la tokenización y el acceso a mercados de tokens para clientes institucionales tradicionales.
2026: El año del token de utilidad y el “nuevo minorista”
La institucionalización continuará, pero el alma de 2026 estará en el “nuevo minorista”. Este cambio viene impulsado por el agotamiento del modelo anterior, cuyo epítome fueron los memecoins. Esa época, con lanzamientos fáciles en plataformas como Pump.fun, se centraba en el trader especulativo existente. Los builders priorizaban la narrativa sobre el producto.
El golpe final lo dieron los propios tokens TRUMP y MELANIA. Desde sus picos, TRUMP ha caído más de un 75% y MELANIA aproximadamente un 90%, dejando a cientos de miles de carteras minoristas con pérdidas significativas. Siu diagnostica este fenómeno como un “ataque vampiro fenomenal a la comunidad meme”, que quemó a muchos pequeños inversores y succionó liquidez del mercado.
Este colapso marca un punto de inflexión. Se anticipa una rotación de capital desde la especulación pura hacia productos que resuelven problemas reales para gamers, creadores o marcas. El usuario objetivo ya no es el “degenerado” de crypto, sino personas ajenas a este mundo. La regulación clara permitirá una emisión compliant de tokens. Como sentencia Yat Siu: “2026 será el año del token de utilidad porque todos lanzarán un token que tenga un caso de uso, y podremos hablar de ello”.
Conclusión: La madurez forzada de una industria
El viaje de 2025 es aleccionador: de la euforia por un salvador político a la cruda realidad de un mercado que debe sostenerse por sus propios méritos. La desilusión con el “Año Trump” ha sido el catalizador que está impulsando movimientos estratégicos como el de Animoca Brands y acelerando la demanda de un marco regulatorio funcional.
La pregunta no es si las empresas cripto están madurando. Como afirma el propio Yat Siu: “Tienen que hacerlo, tienen que hacerlo… No somos la única empresa que se hace pública”. 2026, por tanto, no se presenta como un año de espera en otro salvador externo. Se configura como el año del crecimiento interno, del enfoque en el producto y de una adopción basada en la utilidad tangible. La industria, tras una lección dolorosa pero necesaria, tiene por fin que crecer.





















