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El oro sufre su mayor desplome semanal en 43 años: cae un 11% ante la guerra y las expectativas de tasas estables

Arturo Trenard Arturo Trenard · · 4 min de lectura

El oro sufre su mayor desplome semanal en 43 años: cae un 11% ante la guerra y las expectativas de tasas estables

El precio del oro registró su peor semana desde 1983, cayendo un 11% entre el 16 y el 20 de marzo de 2026. El metal cerró la sesión del viernes en $4,488 la onza, con una pérdida intradía del 3.5%, en un contexto donde su estatus tradicional de activo refugio se vio superado por la inestabilidad geopolítica en Medio Oriente y las expectativas de tasas de interés estables en Estados Unidos.

El desplome histórico y el contexto del conflicto

La plataforma de análisis TradingView confirmó que la caída semanal del 11% es la más pronunciada para el oro en 43 años. Este movimiento continúa una tendencia bajista que ha borrado más del 15% del valor del metal desde finales de febrero, alejándolo de los máximos de alrededor de $5,500 la onza alcanzados a finales de enero de 2026.

La paradoja geopolítica

El inicio de esta pronunciada corrección coincide con la escalada militar del 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel llevaron a cabo los primeros ataques aéreos contra objetivos en Irán. Contrariamente a la lógica habitual del mercado, el conflicto ha actuado como catalizador de ventas. La incertidumbre generada, que ha afectado rutas críticas de transporte de petróleo y avivado temores de una crisis energética global, no ha sido suficiente para sostener la demanda del oro como valor refugio en esta ocasión.

Factores económicos y declaraciones clave

La sombra de la política monetaria de la Fed

Los analistas señalan que las expectativas de que la Reserva Federal de EE.UU. mantenga las tasas de interés estables durante 2026 están ejerciendo una presión significativa. En un entorno de tipos de interés altos o estables, los activos que generan rendimiento se vuelven más atractivos que el oro, que no produce yield.

Jerome Powell, presidente de la Fed, declaró recientemente que los precios más altos de la energía, consecuencia de la tensión geopolítica, “impulsarán la inflación a corto plazo”.

Aunque un repunte inflacionario suele apoyar al oro, en esta coyuntura está siendo superado por la perspectiva de unas tasas de interés que se mantendrán elevadas.

Las señales contradictorias desde Washington

La incertidumbre política añade otra capa de complejidad. Según reportes de Reuters, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que está considerando “reducir” los esfuerzos militares en Medio Oriente. Sin embargo, esta declaración contrasta con acciones concretas como el envío de miles de tropas adicionales a la región, creando un mensaje mixto que contribuye a la volatilidad del mercado.

Contraste con el desempeño de Bitcoin

Mientras el oro se desploma, Bitcoin presenta un comportamiento marcadamente diferente frente a la misma crisis. En un horizonte de doce meses, el oro aún mantiene una ventaja significativa, con una apreciación del 48.5%, frente a una caída del 16.5% de la principal criptomoneda.

Sin embargo, la tendencia se ha invertido desde el inicio del conflicto. Desde el 28 de febrero de 2026, Bitcoin ha registrado una ganancia superior al 11.6%, alcanzando un precio de $70,535. Esto sugiere que algunos capitales podrían estar encontrando en los activos digitales un refugio alternativo en medio de la turbulencia.

Perspectivas y significado del movimiento

La combinación de una guerra activa, expectativas de tasas estables y temores inflacionarios ha creado una tormenta perfecta para la venta de oro. Este episodio plantea preguntas sobre la vigencia del paradigma tradicional que considera al metal precioso como un refugio seguro automático en todas las crisis.

Los analistas debaten si se trata de una anomalía dentro de un ciclo alcista más largo o el indicio de un cambio estructural, donde factores macroeconómicos como la política monetaria pueden superar en importancia al pánico geopolítico. El evento ocurre en un contexto global donde el oro sigue siendo un pilar para las reservas de los bancos centrales, lo que sugiere que su rol fundamental a largo plazo permanece, aunque su comportamiento a corto plazo pueda ser volátil y contraintuitivo.

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