Bitcoin 2025: ¿El Fin del Ciclo de 4 Años o un Nuevo Paradigma Institucional?
El mercado de Bitcoin se encuentra en un momento de profunda reflexión. A mediados de 2025, en el año posterior al último halving y en un entorno macroeconómico aún complejo, una pregunta resuena con fuerza entre inversores y analistas: ¿se ha roto el histórico ciclo de cuatro años de Bitcoin?
Este patrón, durante más de una década considerado una ley casi inviolable que dictaba los ritmos alcistas y bajistas del criptoactivo, está ahora bajo escrutinio. La entrada masiva de capital institucional a través de los ETF, un cambio regulatorio palpable en Estados Unidos y una nueva dinámica de liquidez global han introducido variables inéditas.
Este artículo no busca dar una respuesta definitiva, sino explorar el gran debate que define el presente de Bitcoin: ¿el ciclo está muerto o simplemente evolucionando? Y, lo más importante, ¿qué implica esto para su precio y su futuro?
El Ciclo de 4 Años: La Base del Antiguo Paradigma
¿Qué es el ciclo de cuatro años de Bitcoin y por qué era considerado una “ley”? La mecánica está anclada en el código mismo de Bitcoin: aproximadamente cada cuatro años ocurre el halving, un evento que reduce a la mitad la recompensa que reciben los mineros por validar bloques.
Este shock programado de oferta dio forma a un patrón de mercado repetido. Tras el halving, seguía una fase de acumulación, un impresionante bull run que solía alcanzar su pico alrededor de los 18 meses, para luego dar paso a una corrección brusca y un mercado bajista prolongado.
Esta secuencia generó expectativas tan arraigadas que muchos inversores planificaban sus estrategias en torno a ella. Hoy, algunos señalan que el comportamiento del precio en 2025 no dista mucho de ese guión, con una caída de aproximadamente el 30% desde los máximos registrados tras el halving de 2024.
El Caso a Favor: El Ciclo SÍ se ha Roto
La tesis central es poderosa: la maduración del mercado y la entrada de actores institucionales han cambiado las reglas del juego de forma estructural. Los ETF de Bitcoin en EE.UU. han creado un canal de demanda constante que amortigua las ventas y reduce la volatilidad extrema característica del pasado.
Este flujo se ve complementado por las tesorerías corporativas, como la de MicroStrategy, que tratan a Bitcoin como una reserva de valor a largo plazo. Un entorno regulatorio más favorable y una demanda macro derivada de la degradación de las monedas fiduciarias completan el cuadro disruptor.
Voces influyentes avalan esta visión. Nick Ruck de LVRG afirma que el ciclo empezó a romperse en 2025, argumentando que la demanda institucional “suavizó la caída post-pico” y proyecta un mercado alcista extendido hasta 2026. Grayscale, en un informe de diciembre de 2024, fue contundente al predecir un nuevo máximo histórico en la primera mitad de 2026 y anunciar “el fin del ciclo de 4 años”.
Geoffrey Kendrick de Standard Chartered sentencia que la teoría del ciclo es “ya no válida”, y aunque ha reducido sus previsiones, aún espera que Bitcoin alcance los $150,000 para finales de 2026. Figuras como Cathie Wood (ARK Invest) y Raoul Pal se alinean con esta narrativa de un paradigma superado.
El Caso en Contra: El Ciclo AÚN es Relevante
Para este bando, Bitcoin ya ha entrado en el mercado bajista que el ciclo predice, y las señales son claras. Argumentan que la acción del precio—la caída desde los máximos y el sentimiento general—es coherente con las fases bajistas observadas en ciclos anteriores.
Además, subrayan el poder de la profecía autocumplida: si una masa crítica de traders actúa creyendo en el ciclo, sus ventas anticipadas pueden potenciar la corrección. Su postura no siempre es de ruptura, sino a veces de adaptación: el ciclo no se rompe, se “estira” o se “nivela”.
Markus Thielen de 10x Research declaró en octubre de 2025 que “Bitcoin entró en un mercado bajista”. Rekt Capital sugiere que si el ciclo está “roto”, probablemente solo se esté nivelando. PlanB, creador del modelo Stock-to-Flow, atribuye parte de las ventas a inversores veteranos “traumatizados por 2021” y a los “fans del ciclo de 4 años”.
Alex Wacy aporta un matiz interesante al señalar que “los ciclos no siempre terminan. A veces se estiran”, contrastando el bajo desempeño reciente de los altcoins con los máximos históricos en los mercados bursátiles tradicionales.
Análisis y Síntesis: Más que Roto, Transformado
Más que una ruptura absoluta, lo que observamos en 2025 es una profunda transformación. La dicotomía no es blanca o negra. El ciclo de oferta, determinado por el halving, sigue existiendo y siendo fundamental.
Sin embargo, el ciclo de demanda ha cambiado radicalmente. La nueva dinámica está impulsada por una base de inversores más diversa, donde los flujos institucionales constantes pueden contrarrestar la psicología de mercado minorista.
El resultado probable es un ecosistema con menos volatilidad salvaje, ciclos potencialmente más largos y menos pronunciados, y una correlación diferente—aunque no nula—con los mercados tradicionales.
Perspectivas y Predicciones para el Futuro (2026 y Más Allá)
¿Hacia dónde va Bitcoin? Los escenarios divergen según la postura que se adopte. Desde el bando del “ciclo roto”, las predicciones son alcistas a medio plazo: nuevos máximos históricos en 2026 (Grayscale) y un precio camino de los $150,000 (Standard Chartered).
Desde la visión del “ciclo vigente”, se espera una fase de consolidación, lateralidad o incluso continuación del mercado bajista antes del próximo repunte cíclico.
El futuro dependerá de factores externos cruciales: la política monetaria global, la evolución de las tasas de interés, el avance en la adopción regulatoria y la innovación en la capa tecnológica de Bitcoin, como la Lightning Network.
En este contexto, es imperativo recordar la sensata advertencia que firmas como Fidelity Investments incluyen en sus análisis: “El rendimiento pasado no es garantía de resultados futuros”.
Conclusión
El año 2025 marca un punto de inflexión en la narrativa de Bitcoin. El debate sobre el ciclo de cuatro años simboliza la transición de un activo nicho, gobernado por patrones internos, a un activo financiero maduro, sujeto a una compleja red de fuerzas macroeconómicas e institucionales.
Roto o no, lo que queda claro es que el halving ya no es el único motor del precio. El mercado es más complejo, más resistente y está más interconectado.
Para el inversor, esto significa que, más allá de aferrarse a patrones históricos rígidos, la clave reside en seguir los fundamentos: la adopción, la utilidad real y, sobre todo, los flujos de capital que ahora definen esta nueva era. La educación y un análisis multifactorial son, más que nunca, las herramientas esenciales para navegar este nuevo paradigma.




















