Bruce Schneier ‘garantiza’ que los gobiernos practican el espionaje masivo con IA, superando la era Snowden
El renombrado tecnólogo de seguridad Bruce Schneier afirma que los gobiernos mundiales han pasado de la “vigilancia masiva” al “espionaje masivo” gracias a la inteligencia artificial. En declaraciones a Cointelegraph, Schneier “garantiza” que países como EE.UU., China y Rusia ya utilizan IA para analizar cantidades ingentes de datos personales con una granularidad imposible en 2013. Aunque alerta de un presente distópico, el experto alberga esperanza en que la creciente conciencia sobre la privacidad lleve a abolir estas prácticas en unas décadas.
De PRISM a la IA: La evolución de la vigilancia masiva
La advertencia de Schneier se enmarca en una evolución tecnológica y política que tiene un punto de referencia histórico: las revelaciones de Edward Snowden en 2013. El denunciante expuso entonces el programa PRISM de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE.UU., que recopilaba datos de usuarios directamente desde los servidores de gigantes tecnológicos como Google, Facebook y Microsoft.
Aquellas filtraciones tuvieron consecuencias inmediatas, incluyendo la aprobación de la Ley USA FREEDOM en 2015 para reformar ciertas prácticas. Sin embargo, para Bruce Schneier, la situación actual es paradójica.
“Todo ha cambiado, y nada ha cambiado”
, declaró el experto, miembro del Berkman Klein Center de Harvard. Según su análisis,
“ciertamente, la vigilancia sigue ocurriendo”
y no solo no ha cesado, sino que se ha intensificado y perfeccionado desde entonces.
La nueva era del ‘Bulk Spying’: Cantidad, calidad e IA
Schneier argumenta que la escala y el detalle de la recolección de datos hoy superan por mucho los de 2013. Un ejemplo citado es una investigación del periódico *Le Monde* en diciembre de 2025, donde periodistas utilizaron conjuntos de datos de publicidad móvil para rastrear la ubicación precisa y los movimientos de individuos sensibles, como espías y fuerzas especiales.
El salto cualitativo, según Schneier, lo proporciona la inteligencia artificial. Mientras la “vigilancia masiva” se centraba en metadatos, la IA permite el “espionaje masivo” (*bulk spying*), es decir, analizar el contenido mismo de las comunicaciones a una escala masiva.
“El hecho de que la IA pueda convertir voz en texto y resumir significa que estamos entrando en el mundo del espionaje masivo además de la vigilancia masiva”
, explicó el tecnólogo. Sobre su uso por parte de los estados, fue contundente:
“Les garantizo que Estados Unidos, China, Rusia, [y] otros países, están haciendo esto”
.
¿Historia que se repite? De las Big Tech a las compañías de IA
Schneier ve un paralelismo preocupante entre el pasado y el presente. El programa PRISM dependía del acceso a los datos acumulados por los monopolios tecnológicos de la época. Ahora, el experto teme que se repita el mismo patrón con las empresas líderes en inteligencia artificial, que podrían convertirse en los nuevos pilares esenciales para el espionaje estatal.
“Todos los horrores de las redes sociales están volviendo de una manera que es aún peor con la IA”
, advirtió Schneier. Esta dinámica se sustenta, según su análisis, en el modelo del capitalismo de vigilancia, que ha normalizado la recolección masiva de datos personales como base de un statu quo económico y de poder.
Un futuro incierto: Distopía vs. Esperanza en la privacidad
Frente a este panorama, Schneier identifica una tendencia social creciente hacia la valoración de la privacidad. Señala un cambio de actitud que va desde la apatía hacia una indignación más activa, un fenómeno visible también dentro del ecosistema cripto. El experto sugiere que las constantes cesiones de privacidad podrían estar acercándose a un punto de inflexión de “masa crítica” que impulse un cambio.
Esta perspectiva alimenta su visión a largo plazo, que, aunque crítica con el presente, es moderadamente esperanzadora. En declaraciones a *The Register*, Schneier afirmó:
“No puedo imaginar que tendremos este nivel de vigilancia masiva, ya sea corporativa o gubernamental, en 50 años”
. El tecnólogo dibuja una analogía poderosa, comparando las prácticas actuales de vigilancia masiva con los “talleres de explotación” (*sweatshops*), que en el futuro podrían ser vistas como una reliquia de un pasado menos ético. Así, concluye que, aunque el presente es alarmante, es posible un horizonte donde la sociedad rechace colectivamente el espionaje y la vigilancia masiva.



















