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El cierre de Botanix y el futuro del DeFi en Bitcoin: ¿Falta de demanda o un problema estructural?

Arturo Trenard Arturo Trenard · · 7 min de lectura

El cierre de Botanix y el futuro del DeFi en Bitcoin: ¿Falta de demanda o un problema estructural?

La clausura de Botanix, una plataforma de escalado de Bitcoin de capa 2 (L2), tras casi cuatro años de desarrollo y un año de actividad, ha reabierto el debate sobre si la comunidad de Bitcoin realmente demanda servicios financieros descentralizados o si el activo está destinado a ser únicamente una reserva de valor. El proyecto cerró sus puertas no por un ataque o problema regulatorio, sino por la falta de usuarios que generaran comisiones suficientes para sostener su infraestructura, lo que cuestiona la viabilidad del DeFi en Bitcoin (BTCFi).

Con un valor total bloqueado (TVL) en protocolos BTCFi de apenas 4.120 millones de dólares frente a una capitalización de mercado de Bitcoin de 1,2 billones de dólares, según datos de DefiLlama, las cifras reflejan un desajuste significativo. «Bitcoin está ganando decisivamente como activo monetario y como colateral de primera calidad, pero el caso para que sea una capa de ejecución DeFi independiente siempre fue estructuralmente más débil de lo que sugería la narrativa», afirmó Andre Dragosch, jefe de investigación para Europa de Bitwise.

La promesa incumplida del Bitcoin DeFi (BTCFi)

Durante los últimos dos ciclos del mercado, la idea de un Bitcoin programable y generador de rendimientos ha sido una visión recurrente, pero no una realidad masiva. El TVL total en protocolos BTCFi representa un «error de redondeo» en comparación con la capitalización de mercado de Bitcoin, según analistas del sector. Este bajo nivel de adopción contrasta con las expectativas generadas por proyectos que buscaban transformar a Bitcoin en una plataforma de contratos inteligentes.

Botanix cierra sus puertas: «La cadena funcionaba, faltó el negocio»

¿Qué salió mal?

El cierre de Botanix no se debió a un hackeo, un fallo técnico o un shock regulatorio, sino a la falta de demanda de los usuarios para generar comisiones viables. A pesar de haber registrado 25 millones de transacciones, 200.000 carteras y decenas de millones de dólares en fondos puenteados, el proyecto no logró sostenerse. El problema central radica en que los usuarios utilizaban Botanix principalmente para obtener rendimientos pasivos —staking o HODLing— en lugar de participar en actividades que generan altas comisiones, como préstamos, trading o movimiento de fondos.

La barrera del puente (bridge)

Botanix requería que los usuarios puentearan Bitcoin a una versión tokenizada dentro de una EVM (Ethereum Virtual Machine). Este proceso introduce suposiciones de seguridad y complejidad que disuaden a los bitcoiners más conservadores, aquellos que valoran la seguridad y la descentralización por encima de cualquier otra característica. Willem Schroé, cofundador de Botanix, defendió el diseño central del proyecto a pesar del fracaso y atribuyó la superioridad del wBTC en Ethereum a su «enorme infraestructura y efecto Lindy», así como a su liquidez y experiencia de usuario, factores que ni Botanix ni otras plataformas similares han podido igualar.

La lección aprendida

El equipo de Botanix llegó a una conclusión reveladora: para el usuario medio de DeFi, un wBTC en un ecosistema EVM maduro como Ethereum es «genuinamente suficiente». Esta constatación pone en entredicho la necesidad de construir capas de ejecución independientes para Bitcoin cuando ya existen alternativas líquidas y consolidadas. Schroé señaló que la actividad on-chain se consolida cada vez más en grandes exchanges centralizados y fintechs que «poseen la relación con el usuario», dejando a la infraestructura independiente «remando contra la corriente».

¿Quién usa realmente Bitcoin en DeFi?

Solo una fracción minúscula del suministro total de Bitcoin es «productiva» en DeFi. Según datos de mayo de 2026, aproximadamente 20.000 millones de dólares en BTC —menos del 2% del suministro total— circulan en blockchains EVM en forma «envuelta», como wBTC. De esa cantidad, solo una parte se encuentra en las llamadas «Bitcoin L2s».

Una encuesta realizada por GoMining en octubre de 2025 reveló datos aún más contundentes: el 77% de los encuestados nunca ha utilizado una plataforma BTCFi, y solo el 3% integra BTCFi en su estrategia general con Bitcoin. «Hay más liquidez y mejores rendimientos en soluciones nativas de EVM o SVM que en soluciones BTC, punto y final», afirmó Justin d’Anethan, jefe de investigación de Arctic Digital. Para los clientes que desean poner su Bitcoin a trabajar, las rutas prácticas siguen siendo los escritorios OTC centralizados, préstamos en exchanges con rendimientos del 2% al 4% APY, estructuras de basis trade o pools de crédito institucionales como Maple.

¿Un desajuste estructural?

La falta de demanda no es solo un problema de descubrimiento o marketing, sino un desajuste más profundo entre la arquitectura de Bitcoin y el perfil de sus usuarios. Bitcoin fue diseñado como un sistema de dinero digital peer-to-peer, no como una plataforma de contratos inteligentes, y sus usuarios más leales valoran precisamente esa simplicidad y seguridad.

Andre Dragosch resumió esta dicotomía: «El capital que genuinamente quiere rendimiento ha migrado a wBTC en lugares líquidos y maduros en lugar de puentear hacia federaciones hechas a medida». Para Dragosch, la conclusión es clara: «Bitcoin como colateral de reserva es el comercio duradero; la próxima etapa de adopción pasa por instituciones y balances, no necesariamente por capas de ejecución on-chain«.

El obstáculo del «bitcoiner maximalista» es otro factor clave. Para este perfil de usuario, la opción por defecto sigue siendo el cold storage, el HODLing y la apreciación del precio, en lugar de arriesgar un 2% o 3% de rendimiento con riesgo de contraparte. Esta mentalidad, aunque comprensible, limita el crecimiento del BTCFi.

Los constructores que siguen creando

La perspectiva de Rootstock (Diego Gutierrez Zaldivar)

No todos comparten el pesimismo. Diego Gutierrez Zaldivar, CEO de RootstockLabs, sostiene que la demanda existe, pero el principal cuello de botella es la confianza y los marcos operativos, legales y de gestión de riesgos para instituciones. Rootstock, una de las plataformas más veteranas del ecosistema, maneja más del 40% de toda la actividad DeFi de Bitcoin, incluyendo acuerdos de activos del mundo real (RWA) y bóvedas institucionales. Gutierrez Zaldivar señaló un flujo emergente de fondos que piden depositar cientos o miles de BTC a la vez en productos basados en Rootstock, un flujo casi inexistente hace dos o tres años. Para él, el futuro del BTCFi pasa por la adopción institucional, no por el usuario minorista.

La perspectiva de Citrea (Orkun Mahir Kılıç)

Orkun Mahir Kılıç, cofundador de Chainway Labs y Citrea, plantea una crítica más radical: copiar primitivas DeFi de EVM en Bitcoin es un callejón sin salida. Para Kılıç, la experiencia de Botanix es un veredicto sobre ese modelo, no sobre el BTCFi en sí mismo. «‘Más seguro’ no cambia el comportamiento de la mayoría de la gente. La gente no valora el riesgo de contraparte hasta que algo se rompe», afirmó Kılıç. Según su visión, el verdadero valor del BTCFi no está en replicar lo que ya existe en Ethereum, sino en crear aplicaciones que no existen en otro lado y que sean relevantes para instituciones y grandes tenedores que necesitan transacciones con mínima confianza.

Conclusión

El cierre de Botanix no significa la muerte del BTCFi, pero sí constituye una llamada de atención sobre su modelo de negocio y su propuesta de valor. Mientras los bitcoiners mayoritarios siguen viendo el activo como una reserva de valor, el floreciente DeFi en Bitcoin parece destinado a ser un nicho para instituciones y usuarios avanzados que buscan productos específicos de confianza minimizada. La alternativa más realista, al menos por ahora, es que el capital que busca rendimiento continúe fluyendo hacia ecosistemas más líquidos y maduros como Ethereum a través de tokens envueltos como wBTC. La promesa de un Bitcoin productivo y soberano para las masas sigue siendo, por ahora, una promesa incumplida.

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